«Esta muestra de poesía que tú tienes en las manos no es la común antología que circula para bostezo de los escolares y lágrimas de los entendidos».
Cartas al azar[1]
En medio de las operaciones poéticas analizadas a lo largo de este mes, hay una que resonó conmigo y encendió mis pulsiones creativas de forma estimulante. Es una muestra poética audaz, una antología de obras escogidas con cuidado pero dictadas por la casualidad. Compilada por María Teresa Adriasola (Elvira Hernández) junto a Verónica Zondek y publicada por Ediciones Ergo Sum en diciembre de 1989 es que nace el proyecto literario Cartas al Azar.
Una caja de cartas-poemas que se nos presenta como un artefacto pequeño y móvil. En su sencillez pálida y cuadriculada nos desafía como lectores a participar en un juego de intelecto. Nos incita a pensar y sumergirnos en una partida de naipes casi tramposa en su diversidad. Es una maraña literaria, un ejercicio que nos enfrenta a la dinámica relación entre productxr-creadxr poéticx y nuestra propia lectura de sus creaciones. Las mismas antologadoras lo dicen:
Esta caja de poesía, incluye, junto a las grandes cartas, todo ese juego sucio de la literatura: cartas falsas, marcadas, seguras, postergadas, infladas, de la misma pinta, codiciadas, etc., y la costumbrista y nacional carta blanca. Piensa; estamos en tus manos. Y si pensar es sacar de golpe los dados del cubilete, como dice alguien, nuestro camino es largo.[2]
Esta maniobra es potenciada por un trabajo de ilustración que funciona casi como un espejo. A manos de los artistas Martín Cáceres, Gárgola, Gonzalo Martínez, Pedro Meneses y Udok[3] se desarrolla una interpretación ecfrástica[4] de los textos seleccionados. Los poemas se vuelven objeto de atención, entendidos, transformados y materializados en una imagen. La carta contrapone estas dos realidades de una misma obra. Como espejismo coexisten y dialogan haciéndonos engullir las variaciones del lenguaje, «barajando el amplio espectro de tendencias estéticas, hasta los límites de sí misma».[5] Es instigadora en este propósito, pues, presenta ilustraciones tan llamativas en sus formas y simbolismos como el contenido mismo de su reverso.
Por lo mismo, me gustaría detenerme en una de estas cartas y proponer mi propia interpretación de esta. Con las letras y su imagen referencial me desafío y entrego al arte de escribir. Cedo ante la ferocidad de las palabras de Elvira Hernández y la vehemencia del dibujo de Gárgola. El naipe número cuatro nos adentra a las calles recorridas y maltratadas de una ciudad cadáver «raspada/ desconchada / sucia basureada / llena de humos como una mujer burguesa / me doy en arriendo»[6] dice la poeta. Figurada, disfrazada y de rostro incompleto la dibuja el ilustrador. Ambos se enfrentan y complementan, ambos personifican el espacio que nos da cobijo a todxs, como urbe y como mujer. Llorosa y resignada pero resistente en su concepción, como madre y como guerrera ancestral.
De este análisis me uno al juego de lxs autores y formulo mi versión fracturada e imitativa en estilo y estructura del poema de Elvira Hernández, y recurro en cada intervalo a su contraparte visual.

Es Marginal
Desarraigada
Es Defectuosa
Elvira Hernández nos retrata a la ciudad en la que ha vivido
la que ha visto basureada
y dada en arriendo
La ciudad fantasma
Vagabunda
La ciudad cadáver
La describe como espacio físico y la personifica como mujer
con su casco emplumado
y su capa desarmada
Una mujer guerrera
Proletaria
Una heroína apenada
De los que deambulan en la noche y de los que salen de las cuevas
de los muertos
y los resucitados
Ella se alimenta
Silenciosa
Ella se nutre
Elvira Hernández nos retrata la ciudad y su identidad nocturna
nos da sus letras
y nos da su imagen
Autora: Vanessa Delgado
Referencias
Aurora Pimentel, Luz. “Ecfrasis Y Lecturas Iconotextuales”. Poligrafías. Revista De Teoría Literaria Y Literatura Comparada, n.º 4 (abril 2012): 205- 215. https://www.revistas.unam.mx/index.php/poligrafias/article/view/31343.
Elvira Hernandez. Cartas al Azar. 1989. Colección de Pedro Montes. Santiago de Chile.
Maria Teresa Adriasola y Verónica Zondek. Cartas al Azar. 1989. Colección de Pedro Montes. Santiago de Chile.
[1] Maria Teresa Adriasola y Verónica Zondek, Cartas al Azar, 1989, Colección de Pedro Montes, Santiago de Chile.
[2] Adriasola y Zondek, Cartas al Azar, 1989.
[3] Pia Barros, encargada de Ediciones Ergo Sum nos comenta el proceso colaborativo de sus publicaciones. Como en su gran mayoría, los dibujantes invitados a ilustrar, eran parte de la revista La Castaña –proyecto editorial organizado por su marido Jorge Montealegre– y participaban gratuitamente a cambio de ejemplares.
[4] Entendamos este ejercicio como un deseo por parte de los artistas de retratar desde sus propias interpretaciones lo leído.
[5] Adriasola y Zondek, Cartas al Azar, 1989.
[6] Elvira Hernandez, Cartas al azar, 1989, Colección de Pedro Montes, Santiago de Chile.